MUESTRARIO SONORO DEL 2023

Escrito por el 04/01/2024

Por: José Fernando Cuevas @cuevasdelagarza

Una breve repasada por algunos de los discos que aparecieron en este año que termina, lleno de música para todos los gustos.

OTRO AÑO DE ELLAS

Julie Byrne nos invita a levantar el vuelo para tratar de aliviar la pérdida y el dolor en el sensible The Greater Wings, mientras Caroline Polachek, integrante del grupo Chairlift, tejió un pop cargado de sugerente eclecticismo en Desire, I Want To Turn Into You, y Olivia Rodrigo confirmó voz propia en GUTS, su vampírico segundo álbum. Yeule desplegó su rock intervenido por influjos eléctricos en Softscars, cual herida que no termina de abrirse al mundo real, en la línea de L’Rain y su rock alucinógeno de I Kill Your Dog, con su consabida cuota experimental.

En su séptima entrega, The Land is Inhospitable and So Are We, la japoamericana Mitski nos lleva al cielo entre orquestaciones y coros de total transparencia, en tanto el supergrupo Boygenius (Julien Baker, Phoebe Bridgers y Lucy Dacus) presentó The Record, lleno de creativa complicidad en clave indiepop. Lana del Rey y un gran equipo produjeron Did You Know That There’s a Tunnel Under Ocean Blvd, cerca de hora y media de música confesional en tonalidades nostálgicas: todo un viaje personal compartido entre pianos orquestados y voces susurrantes. Desde Ohio, Lydia Loveless se muestra convencida en Nothing’s Gonna Stay in My Way Again, impulsada por un rock con tintes de independencia.

Con sensual mezcla de afropop y R&B, la cantautora Amaarae realizó Fountain Baby, su opus 2, en tanto Corinne Bailey Rae repasó la historia cultural de los afroamericanos en el rockero Black Rainbows, iluminando de colores intensos con tonalidad sicodélica y garagera. El quinto disco de la inglesa Jessie Ware, That! Feels Good!, nos catapulta a la pista con su dance, soul y R&B envueltos en orquestaciones e impulsores coros, al tiempo que SZA lanza un SOS de 23 cortes en similar tesitura, en línea también con Kelela y su seductor Raven, aleteando acompasadamente a media luz.

Fever Ray, proyecto de la sueca Karin Dreijer, se adentró con electrónica oblicua en el amor y sus demonios con Radical Romantics, en tanto la americana-coreana Yaeji debutó con With a Hammer y sus golpes de electrónica diversa. Róisín Murphy se desliza por la pista entre soul, disco y electrónica, por momentos guardando la calma, para confeccionar su Hit Parade, en efecto, un puñado de éxitos contundentes, en sentido distinto al reflexivo Blómi, pensado y ejecutado por la noruega Susanne Sundfør.

FOLKIES, COUNTRIES, ROCKERS

En los ámbitos del folk y el country, Lankum le puso oscuridad y progresión a False Lankum, como para adentrarse en las intensidades oscuras del folk irlandés; Bonnie “Prince” Billy develó Keeping Secrets to Destroy You, Wilco siguió fortaleciendo a la familia altcountry con Cousin y Sufjan Stevens entregó Javelin, folk celestial con incursiones electrónicas. The Coral propuso su reflejante cancionero de country-pop en Sea of Mirror, aguas por las que navegaron Jason Isbell & The 400 Unit con Weathervanes, así como His Golden Messenger con Jump for Joy. En la vertiente femenina, Margo Cilker entregó su opus 2 abriendo miras hacia los campos interminables de Oregon, expresadas en Valley of Heart Delight’s, y la debutante Kara Jackson se hizo preguntas siempre incontestables en Why Does the Earth Give Us People to Love?, entre la intromisión friki y la melódica inacabada.

The National mantuvo su estatus como banda de primer orden con First Two Pages of Frankenstein -además de grabar otro álbum-, en el que contaron con invitados de lujo para acompañar las canciones en característica tesitura de tonos bajos, advertencias sobre la manipulación y evocativas melodías. Y para evitar el estancamiento, Teenage Fanclub nos recuerda que siempre habrá tiempo de moverse para adelante en Nothing Lasts Forever, elaborado con el poprock de alturas acostumbradas, como los sobrevivientes de Sparklehorse y su Bird Machine, infectado de un rock alternativo que recuerda los finales del siglo pasado, como las tesituras impredecibles de Animal Collective en su sicodelia inasible de Isn’t It Now?

Algiers se presentó con su energético Shook, el dueto 100 Gecs produjo 10,000 gecs con la combinación mostrada desde su debut, cargada de diversos estilos alrededor de un rock efusivo. Wednesday produjo su quinto álbum, Raw Saw God, con su habitual shoegaze ahora salpicado de influjos country, como el característico de Slowdive, que en Everything is Alive vuelve a mostrar su olfato melódico y nostálgico. Entre orquestas te veas: Unknown Mortal Orchestra presentó el efusivo V, con todo y crítica neocolonial, mientras que Manchester Orchestra, en sentido contrario, entregó el calmo y confesional The Valley of Vision.

Creeper propuso Sangivore con líneas punketas y góticas, mientras que los debutantes de Model/Actriz, directamente de Boston y ya asentados en Brooklyn, le metieron al postpunk y al rock eléctrico en Dogsbody. Desde Canadá, Tomb Mold le entró fuerte al metal gutural con The Enduring Spirit y el año le dio la bienvenida a Mandy, Indiana, banda de Manchester que le puso angustia a nuestras orejas con el incesante i’ve seen away, rabioso postpunk en clave electrónica.

ANOHNI and The Johnsons volvieron con el confesional My Back Was a Bridge For You To Cross y la acostumbrada implicación afectiva que se refleja en la sofisticación de The Clientele y su escapista I Am Not There Anymore. El indie rock de The Lemon Twigs alcanzó elevada integración con Everything Harmony, mientras que el tono extrañamente juguetón de Water From Your Eyes se destila a través de patrones por descubrir en Everyone’s Crushed. Una ruptura amorosa se convierte en el epicentro de The Last Rotation on Earth, sexto disco de BC Camplight, desenvuelto en teclados que apuntan a un rock de alto alcance narrativo con capacidad para reírse de sí mismo.

JAZZEROS, HIPOPEROS Y VIAJEROS

La exploradora trompetista Jaimie Branch, fallecida el año pasado, nos dejó como legado Fly or Die, Fly or Die, Fly or Die (World War), jazz para optar por el vuelo permanente. Pareciera que Arooj Aftab, Vijay Iyer, Shahzad Ismaily formaron una especie de microcomunidad para grabar Love In Exile: vocal envolvente, piano nebuloso y bajo y sintetizadores de atmósfera nostálgica para amar desde las distancias. Irreversible Entanglements, colectivo en el que milita Moor Mother (Camae Ayewa), se puso cercano al fuego para producir Protect Your Light entre recitaciones envolventes y complejas armonías que transitan por caminos celestiales para alcanzar el amor y la libertad, en tanto Matana Roberts entregó desde su jazz contestatario Coin Coin Chapter Five: In the Garden, continuando su implacable serie altamente sugerente y abrasiva.

James Brandon Lewis/Red Lily Quintet se volvieron a asociar y se pusieron en tesitura de homenaje a la gran cantante de góspel con For Mahalia, With Love, de alcance espiritual, en tanto Angel Bat Dawid firmó el monumental Requiem for Jazz, dejando claro que el género es un triunfo del espíritu de la negritud. El sax de Joshua Redman, acompañado por las vocales de Gabrielle Cavassa, se dio vuelo con where are we, recorrido sonoro por varias paradas estadounidenses de impecable manufactura. Y desde la mirada femenina, Cécile McLorin Salvant siguió imparable con Mélusine y la saxofonista Lakecia Benjamin entregó Phoenix, con apuntes sociales insertados en sus influjos auditivos.

El baterista Jonathan Blake rindió tributo a su padre en Passage, sentido y ceremonial a la vez, un poco como André 3000 desarrolla con amplitud en New Blue Sun, largo recorrido por una new age jazeera de alcance reflexivo. Desde diversos rincones del planeta, las voces que claman desde el desierto se dejaron escuchar en Amatssou, obra del reconocido colectivo Tinariwen, mientras que desde Malí, Fatoumata Diawara nos dejó London Ko el español Rodrigo Cuevas nos entregó Manual de Romería, logrado pop de inconfundible acento ibérico y la peruana Sofia Kourtesis nos regaló Madres, elctropop de clara intención melódica.

En el terreno del Hip-Hop, billy woods and Kenny Segal compartieron sus vivencias de giras en Maps, mientras que Sampha mezcló géneros alrededor de su rap en Lahai, tal como lo hizo la brillante joven Noname en el cadencioso Sundial. En creativa asociación, JPEGMAFIA & Danny Brown produjeron Scaring the Hoes, con todo y sus lances de avanzada que desafían el cauce natural de las rimas y su soporte sonoro, editado con diversidad de fuentes.

En la electrónica, James Holden abrió conciencias con Imagine This Is a High Dimensional Space of All Possibilities y desde la mirada femenina, Loraine James y Laurel Halo produjeron Gentle Confrontation y Atlas, respectivamente, explorando sensaciones desde la digitalización sonora. Forest Swords emergió con intensa parsimonia en Boiled, cargado de oscuridad, abierta un poco por trip9love…??? de Tirzah y sus vocales que se deslizan sobre los bytes casi encarnados, como los que aprovecha la violinista Meredith Bates para entretejer su Tesseract, artefacto que se reconstruye paso por paso.

El soul rítmico y de corte alternativo llegó por cortesía de Nourished By Time a través de Erotic Probiotic 2, mientras que Yves Tumor entretejió con puntual eclecticismo Praise A Lord Who Chews But Which Does Not Consume (Or Simply, Hot Between Worlds), en el que se agradece no ser tragado con sampleos, postpunk, funk y lo que se vaya encontrando en el camino, como Durand Jones, ahora viajando en solitario con Wait Til I Get Over cual virtuoso alquimista sonoro. Sampha entregó Lahai, segundo disco en el que pone a interactuar lances soul, apuntes hipoperos y una electrónica que vertebra las canciones para bailar en círculos, y Young Fathers volvieron con Heavy Heavy, cuarto álbum en el que intensifican sus mezclas de soul, rock y notas electrónicas que, en efecto, los colocan como una banda de peso específico.

EXPLORADORES Y EXPERIENCIA

Con tintes avant-garde, el trío australiano The Necks produjo Travel, entre tintes dub, reggae y jazz, mientras que Bill Orcutt elevó el listón con Jump On It, mientras que Lonnie Holley se hizo acompañar de un estelar grupo de participantes para grabar Oh Me Oh My, sentida experimentación de un artista completo. Philip Jeck & Chris Watson se conjuntaron para grabar Oxmardyke, en el que los sonidos de aves y ambientales se mezclan con apuntes electrónicos para dar una sensación de cierto vacío afectivo, de ausencia y de pérdida, acentuada con la muerte del primero poco después de culminar esta obra.

Otros experimentados: Depeche Mode en formato de dueto, mostrando vigencia y recordando a Andy Fletcher, entregó Memento Mori, y Blur tuvo a bien reunirse para entregar The Ballad of Darren con todo el sello britpopero de la casa. Yo La Tengo continuó su mirada sin concesiones desde su rock independiente en This Stupid World y la gran PJ Harvey hizo lo propio con I Inside The Old Year Dying, folkrock electrónico de trayectoria vital.

Everything But the Girl regresó tras 24 años con Fuse y el sentido melódico intacto, y Blonde Redhead volvió con Sit Down for Dinner, pieza para degustarse con calma en la mesa de los sonidos cuidadosamente trabajados. Pretenders sigue en el camino creativo sin disminuir el ritmo con Chrissie Hynde al frente, tal como se muestra en Relentless; en la misma ruta, Sparks siguen en lo suyo: ahí está The Girl is Crying in the Latte, envuelto en un artpop asentado en sintetizadores inquietos e ironía puntual.

Viejos sabios y, por lo visto, inmortales: The Beatles presentó la inédita Now and Then, gracias a un notable trabajo de curación, mientras que de Arthur Russell (1921-1992) se publicó Picture of Bunny Rabbit, integrado por canciones que ven por primera vez la luz entre cuerdas y vocales pausadas; la espera de más de 20 años valió la pena: Peter Gabriel volvió con piezas nuevas con el luminoso, emotivo y esperanzador i/o y The Rolling Stones con Hackney Diamonds, ofreciendo el larguísimo colmillo por todos conocido; Paul Simon reflexionó sobre la vida y la muerte en el testamentario y hermoso Seven Psalms, al igual que Yusuf/Cat Stevens con King of a Land, tercer disco en el que estampa sus dos nombres.

Iggy Pop abrió sus cartas de toda la vida para entregar Every Loser y John Cale realizó un un ejercicio de memoria con Mercy, en tanto Robert Forster acompañado de su familia grabó The Candle and the Flame, encendiendo la esperanza de la sobrevivencia ante la adversidad con su reconocible rock folk, en misma línea que Graham Nash, grabando el urgente Now, siempre en busca de una mejor vida. Para concluir este fugaz recorrido, la veterana Shirley Collins elevó su folk para llegar a Archangel Hill y el gran compositor japonés Ryuichi Sakamoto nos dejó como legado 12, su hermoso álbum póstumo.

Por: José Fernando Cuevas @cuevasdelagarza

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