Un auténtico «Barn find». Martes sobre ruedas

Escrito por el 15/12/2020

Antes de adentrarnos en la historia que nutrirá esta nota, tenemos que dejar en claro de que va el entrecomillado que acompaña al título. «Barn find» tal como su traducción al español lo indica, es el hallazgo de un objeto o en este caso un auto abandonado en algún granero, establo o incluso garage, y que la mayoría de las veces puede ser considerado de colección y por obvias razones su valor puede alcanzar una cifra con varios ceros.

Ahora si, dicho lo anterior el hallazgo que platicaremos a continuación es nada más y nada menos que una joya sobre rudas de origen alemán, es decir, un Porsche y no cualquier Porsche, un Targa 911 S de 1967. Este Targa fue encontrado abandonado a su suerte en un garage de Long Beach, New York, que llevaba en el olvido de su anterior dueño cerca de 40 años.

Foto: Porsche AG

Fue entonces cuando su actual y nuevo poseedor, un empedernido coleccionista y entusiasta de la marca, decidió añadirlo a su colección.

Foto: Porsche AG

Una vez en sus manos, el afortunado dueño, decidió hacer uso de los servicios del departamento de Restauración de fabrica de Porsche Classic ubicado en Zuffenhausen, Alemania y así iniciar el proceso de resurrección de una de las 925 unidades del Targa, que portaban el famoso motor S de 2.0 litros.

Foto: Porsche AG

Hacer uso de un servicio de restauración de este calibre, es un verdadero privilegio y no sólo por lo que puede llegar a costar, ya que un auto restaurado por Porsche, es un sello de calidad que Porsche Classic otorga un máximo de 8 al año.

Foto: Porsche AG

El proceso de restauración del 911 Targa pasó por las manos de 30 expertos, que gracias al acceso al almacén central con más de 60,000 diferentes repuestos originales, hacen posible hasta el más minucioso de los procesos, como el completo desarmado del motor, caja de cambios, y hasta el material para la cubierta de lona que cubre el mecanismo característico de un Targa.

Foto: Porsche AG

Después de tres años, alrededor de 1,000 horas de trabajo y pintado a mano en el mismo Rojo Polo que lució hace más de 50 años, fue entregado a su afortunado dueño, que por cierto no solamente lo quiere en su garage para contemplarlo si no que también quiere disfrutarlo detrás del volante como dictan las sagradas escrituras.

Foto: Porsche AG

Foto: Porsche AG

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