Neverland de Michael. Miércoles de Spots and Places

Escrito por el 13/03/2019

Cuando la muerte alcanzó a Michael Jackson el 25 de junio de 2009, lo hizo a 3500 kilómetros de la hoy llamada Calle Jackson en Gary, Indiana, donde su padre Joe, nieto de esclavos, manejaba una grúa para alimentar a una familia cada vez más extensa. 

Los esfuerzos del cardiólogo Conrad Murray no fueron suficientes para resucitar al que fuera el octavo hijo de Joe y Katherine, que yacía en su habitación de una mansión rentada en Holmby Hills, Hollywood, a 230 kilómetros de su paraíso personal, la Tierra de Nunca Jamás, el Neverland hecho a su medida y a sus millones. 

Esa tarde de junio, Neverland no era más de Michael. Dejó de considerarlo suyo desde 2003, cuando setenta agentes entraron a revisarlo en medio de un juicio que Michael ganaría en la corte y perdería en los medios. No volvió más. Hoy en día, lo que pudo ser la versión posmoderna del Rancho Graceland de Elvis, el sitio de peregrinaje más importante del oeste americano, no encuentra comprador. En medio de un terreno árido, sólo tiene valor sentimental. 

Foto: Shazari // Commons

Los días felices 

Sir James Matthew Barrie publicó Peter Pan and Wendy en 1904. La obra sucede en una tierra fantástica, un universo propio de quienes la habitan, como el Macondo de García Márquez o el Yoknapatawpha de William Faulkner. 

Peter Pan and Wendy vio la luz casi ochenta años antes del día en que Michael visitó el entonces Zaca Laderas Ranch, mientras acompañaba a Paul McCartney en la filmación del video de ‘Say Say Say’. Adquirió la propiedad en 1988 después de grabar ‘Bad’. Ahí, en ese espacio de 1200 hectáreas habría de crear su Neverland, en honor a su obra y personaje literarios favoritos. Ése sería el lugar en el que nunca tendría que ser adulto. 

He ahí al hombre más famoso del mundo, que se construye su propio parque de atracciones donde podría vivir como niño para siempre. Los rumores surgen. La situación resulta rara ante el ojo público. Tiene un problema, un trastorno: el Síndrome de Peter Pan, que no es reconocido por ninguna asociación psiquiátrica del mundo y para las personas serias  no es más que un juego de palabras de la fiebre psico-pop de mediados de los años sesenta. A Michael no le importa y las obras arrancan. 

Foto: Jonathan Haeber // Flickr

Se levantan en el lugar construcciones de estilo victoriano, entre ellas, una estación de tren para sus invitados, que podían recorrer la propiedad a bordo de un tren de vapor. ¿A dónde irían? Los visitantes de Neverland podía ir a donde desearan: había un reloj floral, un zoológico, una montaña rusa, una noria, un carrusel y carritos de choque. 

Visto desde arriba, el rancho Neverland de Michael Jackson parece un oasis en el desierto. Los árboles, lagos y zonas verdes están rodeados por un ambiente árido y seco. Jackson intentó crear un espacio de retiro del mundo exterior para él y sus amigos, un lugar donde podría ser él mismo y experimentar todo lo que le hiciera feliz. Se sabe que su biblioteca era extensa, con piezas sobre arte, poesía y espiritualidad. 

Foto: John Wiley // Commons

El País de Nunca Jamás de Michael Jackson era vasto y extravagante, como lo fue la Disneyland de Walt. Eso sí, con resultados financieros distantes y distintos. El rancho fantasioso se convirtió en un refugio para cientos de niños enfermos y desfavorecidos. En Neverland, MJ recaudó millones de dólares para organizaciones benéficas y causas humanitarias.  Sin embargo, las autoridades sospecharon al saber que Jackson, a sus treinta y tantos, celebraba fiestas de pijamas y compartía su cama con niños pequeños. 

Foto: Commons

En medio de la gratitud por su generosidad y compromiso, surgieron informes de una conducta sexual inaceptable que le arrastrarían a una pérdida de reputación de la cual nunca pudo recuperarse. Tras la primera acusación en 1993, se refugió en su rancho. Ahí nacieron sus hijos, ahí componía sus canciones y preparaba sus giras mundiales. Al llegar la segunda acusación en 2003, Michael dejó Neverland para siempre. La realidad llegó a la fantasía y la destruyó.


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