En la cueva del dios Jaguar. Miércoles de Spots and Places

Escrito por el 06/03/2019

Un grupo de arqueólogos mexicanos han descubierto una cueva en las ruinas mayas de Chichén Itzá que contiene alrededor de 200 recipientes de cerámica en condiciones casi perfectas. Según el Instituto Nacional de Antropología e Historia, los artículos tienen origen alrededor del año 1000 y contienen fragmentos de huesos y materiales de ofrenda quemados.

Foto: Creative Commons

Los arqueólogos mexicanos confirmaron este lunes 4 de marzo que se ha encontrado una cueva en las ruinas mayas de Chichén Itzá con ofrendas en condiciones casi intactas. 

Foto: INAH

Descritos como un tesoro científico estos descubrimientos de un espacio descrito como místico, podrían ser cruciales para nuestra comprensión del pueblo precolombino maya, que prosperó en la península de Yucatán desde el siglo V hasta la llegada de los conquistadores españoles.

Foto: INAH

Un pueblo a la vez fascinante y secreto, del que existen cientos de miles de descendientes, pero cuyo origen y hábitos y costumbres son aún desconocidos.

El arqueólogo Guillermo de Anda, a cargo del proyecto de investigación, dijo que la exploración de la cueva comenzó en 2018 después de que los residentes locales, herederos de los secretos mayas, avisaran de su existencia a sus expertos y que esta  cueva había sido descubierta, pero nunca explorada unos 50 años atrás. 

Foto: INAH

Según informes la existencia de la cueva fue reportada a un arqueólogo que ordenó sellar la cueva, quizás para protegerla y sólo emitió un breve escrito al respecto que fue olvidado en los archivos del gobierno. 

Al interior de la cueva se han encontrado 155 braseros de cerámica y quemadores de incienso con la imagen de Tlaloc, el dios de la lluvia en el centro de México. Los mayas también tenían su propio dios de la lluvia, Chaac, y pudieron haber importado a Tlaloc de otras culturas prehispánicas. En el sitio también se encontraron cajas de barro y otras vasijas que el equipo de investigadores planea dejar al interior de la cueva. 

Foto: INAH

La entrada a la cueva es tan estrecha que los antiguos mayas tenían que arrastrarse en sus vientres para depositar en unas cámaras grandes y altas las ofrendas aparentemente destinadas a clamar por  lluvia. 

La cueva, llamada Balamku o “Dios del Jaguar”  se encuentra a unos 2,75 kilómetros al este de la pirámide principal de Kukulkan, también conocida como “El Castillo”. El equipo está explorando todo Chichén Itzá para establecer las rutas y sistemas de agua subterráneos.

Según los investigadores, el difícil acceso y la estructura de la cueva aumentan sus cualidades sagradas, lo que sugiere que se utilizó para rituales.

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“Balamku ayudará a reescribir la historia de Chichén Itzá, en Yucatán. Los cientos de artefactos arqueológicos, pertenecientes a siete ofertas documentadas hasta el momento, se encuentran en un estado de conservación extraordinario” declaró el Instituto de Antropología y La historia, en un comunicado. Debido a que el contexto permaneció sellado durante siglos, contiene información invaluable relacionada con la formación y caída de la antigua Ciudad maya y sobre quiénes fueron los fundadores de ese sitio icónico.

Los expertos se han adentrado a la cueva que en algunos lugares tiene solo 40 centímetros de altura, con la esperanza de encontrar la conexión a una cueva de cenotes que se cree que se encuentra debajo de la pirámide de Kukulkan. El agua siempre fue fundamental para Chichén Itzá, cuyo nombre significa “en la boca del pozo de los Magos del Agua” en Maya, encontrar nuevos espacios sagrados ha tomado ahora un nuevo impulso.


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