El Palacio que no fue. Miércoles de Spots and Places 

Escrito por el 21/11/2018

El Monumento a la Revolución es un icono de la Ciudad de México. Ubicado en la Plaza de la República, es el corazón del cruce de Paseo de la Reforma y Avenida de los Insurgentes, en el centro de la capital del país, y ha sido durante mucho tiempo una de sus principales atracciones turísticas y arquitectónicas. 

Monumento a la Revolución. Creative Commons.

En 1876, Porfirio Díaz anunció sus planes de construir en la ciudad de los palacios un nuevo recinto para los diputados y senadores. La incipiente pacificación del país parecía el momento ideal para iniciar un suntuoso palacio para el Poder Legislativo que, cosa curiosa, controlaría durante todo su mandato. 

El sueño habría de tomar mucho tiempo para arrancar, prácticamente todo el período de Diaz en el poder. Fue hasta el 23 de septiembre de 1910, durante el festejo del centenario de la Independencia, que Don Porfirio colocó la primera piedra. El proyecto era obra del reconocido arquitecto francés Émile Bérnard. Prometía ser un edificio de más de 14 mil metros cuadrados con intenciones de ser el más grande del mundo. 

Jamás vería la luz del día. Tras la falta de recursos para continuar con la construcción, debido a que se destinaron para la lucha revolucionaria, la obra de Bérnard fue suspendida, dejando solamente su estructura de acero. Dos décadas pasó abandonado ese monumental sueño convertido en restos de construcción. El francés intentó rescatarla para convertirla en un Panteón a los Héroes. Sin embargo, a pesar de ese último esfuerzo por hacer algo con la obra inconclusa, ya no fueron las circunstancias del país lo que impidió su realización si no su muerte en 1929. 

La idea fue retomada al inicio de los años treinta, pero realizar el monumento no fue sencillo. El mismo presidente de la República, Abelardo Rodríguez, designó una gran comisión para financiarlo e iniciarlo ante los costos que representaba. La construcción del Monumento comenzó en 1933. El palacio porfiriano habría de ser dedicado al movimiento revolucionario que lo terminó exiliando en Francia. 

No era la primera vez que México renombraba monumentos. El Paseo de la Emperatriz, construido por Maximiliano, habría sido renombrado de la Reforma tras la derrota del breve imperio. Con ello se mandaba un mensaje de triunfo y de dominio del espacio. El monumento hace lo mismo: renuncia a lo afrancesado y se convierte en auténticamente mexicano al dejar una marca en el paisaje y darle identidad a la ciudad. La estructura combina poder, sencillez e inspiración. 

Levantarlo de las ruinas de la frustrada construcción llevó también un mensaje. He aquí un nuevo orden con otra forma de ver la ciudad y el espacio. Para el arquitecto Mario Pani, levantar el arco era “alterar los sueños de Don Porfirio”, quien antes de morir y descansar en Montparnasse vio como el país que dejó se hacía pedazos. 

El Monumento durante su construcción. Creative Commons.

El nuevo coloso fue diseñado por el arquitecto mexicano Carlos Obregón Santacilia, quien utilizó el Art Deco y el realismo social mexicano predominante tras la Revolución. EL material que se utilizó para recubrirlo es piedra chiluca utilizada en construcciones por toda la capital. Para Diego Rivera era el mejor monumento realizado en México desde la Independencia. La cúpula realizada por el arquitecto Enrique Aragón generaba un efecto tan dramático que a la fecha deslumbra el horizonte.  

La estructura fue inaugurada el 7 de julio de 1935 al compás de la Obertura de 1812 de Tchaikovsky y entre discursos que recordaban sobre todo la figura de Álvaro Obregón, general invicto y gran ganador del movimiento revolucionario, quien de hecho no descansa bajo el arco, como Madero y Carranza, sino en Huatabampo, Sonora. 

El recorrido actual 

Los visitantes pueden abordar un elegante ascensor panorámico de vidrio, que sube 57 metros en cuestión de segundos, para llegar a una cubierta de acceso dentro de la cúpula de piedra y cobre del Monumento. Desde allí, una escalera de caracol dentro de la cúpula hasta la plataforma de observación regala unas impresionantes vistas de 360 ​​grados del horizonte. 

Cúpula del Monumento a la Revolución. Creative Commons.

El Monumento a la Revolución es un gran lugar para respirar verdaderamente en la ciudad, y también conocer de cerca las impresionantes esculturas masculinas y femeninas de Oliverio Martínez con sus hoces y espadas de justicia que representan la Independencia, las Leyes de Reforma, las Leyes Agrarias y las Leyes Laborales.  

Otro punto destacado de la visita incluye el Museo Revolucionario, ubicado en la base del Monumento, el espacio multimedia y de exhibición, además de una espectacular iluminación de Monumento que cambia de color cada hora desde la puesta del sol hasta la medianoche.

Monumento a la Revolución en 2013. Creative Commons.


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