La Plaza de las Tres Culturas. Miércoles de Spots & Places

Escrito por el 03/10/2018

Tlatelolco y Tenochtitlán fueron dos ciudades independientes y rivales enfrentadas durante siglos.  Los tres kilómetros de distancia entre el centro ceremonial de Tlatelolco y el Templo Mayor separaban a dos pueblos que a pesar de ser muy parecidos albergaban culturas propias. 

En Tlatelolco vivían los grandes comerciantes y mercaderes y se montaba el gran tianguis. Tenochtitlán albergaba a la casta política y militar.  Eran entidades libres por casi dos siglos hasta 1473, cuando el gobernante tenochca Axayactatl subordinó al pueblo tlatelolca.

Eran un solo pueblo cuando juntos resistieron ochenta días el ataque de los españoles y sus aliados que querían vencerlos. Les gobernaba el mismo soberano cuando Cortés y los suyos les mataban por miles. Eran ya una sola ciudad cuando el 13 de agosto de 1521, día de San Hipólito, fueron derrotados para siempre. 

El gran triunfo de los conquistadores se da en Tlatelolco aunque una salomónica placa en el sitio avisa que  “No fue triunfo ni derrota, fue el doloroso nacimiento del pueblo mestizo que es el México de hoy”.

Tlatelolco había impresionado a Cortés y a Bernal Díaz del Castillo, pero ello no fue suficiente para conservarlo. Cuando en enero de 1522 se decidió la construcción de la ciudad de México sobre ruinas, se planeó ahí la primera iglesia, la cual fue construida con las piedras del templo prehispánico en honor al patrono de las huestes hispánicas: Santiago. 

La iglesia funcionaría hasta los tiempos de la Reforma, cuando fue saqueada y abandonada como cientos en todo el país. A finales del siglo XIX, cuando Porfirio Díaz impulsó el desarrollo de los ferrocarriles, el entorno de la iglesia fue modificado, y se hizo bodega hasta 1944 cuando se recomendó que la iglesia fuera abierta nuevamente al culto católico, con los franciscanos a cargo.

Foto: Banco Nacional de Obras y Servicios Públicos

La modernidad

La alianza por el progreso del Presidente John F. Kennedy, fue propuesta en 1961 y habría de proporcionar los fondos para el desarrollo en América Latina y detener la amenaza comunista que ya había llegado a Cuba. Entre los dineros había el suficiente para construir dos unidades habitacionales en México. Al terminar el año, el gobierno sólo tenía elaborado el proyecto de una que a la postre sería bautizada como Presidente Kennedy.

El arquitecto Mario Pani, quizá uno de los más grandes arquitectos mexicanos del siglo XX, se entera de la necesidad del otro proyecto y hace llegar uno que originalmente había creado para Caracas: El Conjunto Urbano «Nonoalco- Tlatelolco- Presidente López Mateos», conformada por 102 edificios, con 11 956 departamentos para un total de 69 344 habitantes.

Foto: Commons

El complejo residencial urbano de Tlatelolco se convertiría en el segundo más grande de su tipo en el continente americano (después de la ciudad cooperativa en el Bronx) y formó parte del ambicioso movimiento de México hacia la modernización. Pani se propuso llevar la arquitectura modernista funcional a México cuando el país se preparaba para ser sede de los Juegos Olímpicos.

Pani era un entusiasta del movimiento modernista, por lo que planeó construir una ciudad dentro la ciudad y aplicar el concepto de torres en el parque de Le Corbusier. En medio de todas las construcciones debería estar un espacio central de carácter público para todos quienes habitaran y transitaran por la zona. Esa es la Plaza de las Tres Culturas.

Foto: Commons

La Plaza que habría de construirse donde el antiguo tianguis prehispánico sería el centro de todo el complejo. A sus costados las ruinas, la iglesia y la nueva cancillería. Era el centro cívico del conjunto, una especie de zócalo en la zona norte de la ciudad. 

Al iniciar el proyecto, La Plaza de las Tres Culturas era más pequeña. Fue el propio gobierno de Díaz Ordaz quien le dio un carácter monumental. Al estar a un lado del edificio de la cancillería habría de ser punto de encuentro cuando en 1967 se firmó ahí El Tratado para la Proscripción de Armas Nucleares en América Latina y el Caribe, uno de los momentos más destacados de la presidencia de Gustavo Díaz Ordaz; paradójico se diera ahí también el más oscuro.

Foto: Commons

El mitin del miércoles 2 de octubre de 1968 se dio en una plaza prácticamente nueva, en uno de los mayores conjuntos habitacionales del mundo, símbolo del régimen que 10 días después inauguraría la primera olimpiada en América Latina. Pani jamás pensó que había diseñado una trampa para quienes huían de las balas. Jamás pensó nadie que el mismo sitio, 347 años después, habría de ser el centro de otra masacre.


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