Ecos de Comala. Miércoles de Spots & Places

Escrito por el 04/07/2018

«Vine a Comala porque me dijeron que acá vería a mi padre», confiesa Juan Preciado en las primeras páginas de Pedro Páramo de Juan Rulfo, una de las grandes novelas iberoamericanas del siglo XX.

Foto: Familia Rulfo

Rulfo, de quien hay una estatua que decora la plaza principal de Comala, no era originario de este Pueblo Mágico, sino de Sayula, Jalisco, a 110 kilómetros al norte, del otro lado de un imponente Nevado de Colima que domina el paisaje.

La Comala de Pedro Páramo, que se publicó en 1950, es descrita a Juan Preciado por Damiana como “un pueblo muerto, poblado sólo de voces gastadas, ecos, murmullos, fantasmas y sombras.” Los ecos de los muertos responden a la voz de Preciado que busca a su padre.

Quizá, por esta profunda asociación, el recorrido en Comala puede iniciarse visitando su panteón. Suena extraño, y es que el necroturismo es algo cada vez más común. En Paris, camionetas repletas de visitantes llegan a Pere-Lachaise, en donde reposa Jim Morrison, y de igual manera sucede en el Hollywood Forever Cemetary, donde yacen figuras de la época de oro del cine estadounidense.

En el panteón de Comala no hay celebridades, lo que hay es historia. Ahí, un pueblo conservador, la gente se resistió a adoptar las Leyes de Reforma, por lo que todos los registros mortuorios hasta 1940 se hacían en la iglesia, ubicada a 500 metros del panteón. Porque la ley civil nada tenía que ver con la ley de Dios.

Fuera del panteón, es difícil asociar la Comala de la novela de Rulfo con la Comala real, de casas de paredes blancas con techos de teja, que le han hecho ser conocida como el “Pueblo Blanco de América”, y sus calles empedradas que culminan en la Parroquia de San Miguel Arcángel, patrono del pueblo.

Foto: Irene Soria Guzmán // Flickr

Frente a la parroquia se encuentra la plaza principal, adornada con esa estatua de Rulfo que está ahí para la foto obligada y si de deberes hablamos, no hay nada como el disfrutar del buen pan y el vino que se sirve en Comala. 

Foto: WikiCommons

Este Pueblo Mágico cuenta con una docena de restaurantes de primer nivel, que le dotan un ambiente festivo muy similar al de Tlaquepaque. En Comala también dominan el mariachi y el tequila, para convertir cualquier ocasión en una fiesta memorable.

A doce kilómetros de la capital de Colima, Comala es el sitio central de una decena de pequeños pueblos en los que se pueden hacer recorridos inolvidables, como Colomos y la Nogalera, en los que al adentrarse se descubre un México cada vez más profundo.

Quizá Juan Rulfo escogió el nombre de Comala por su sonido místico, por sus paisajes volcánicos, por su calor constante. La Comala fantasmagórica de Pedro Páramo no persiste en estos días. En la Comala de hoy se respira vida y las voces que se escuchan son de fiesta y de turistas, que hablan otras lenguas mientras beben tequila en este pueblo de magia.

Foto: comala.gob.mx


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