Sujeto y objeto de investigación a la vez

Escrito por el 30/04/2018

En nombre del avance científico, muchos investigadores han pasado de ser sujetos de investigación para realizar en ellos mismos experimentos que les han llevado a descubrir y establecer nuevas formas de entender cómo funciona el cuerpo humano.

El objeto de una investigación es aquello a lo que le dedicamos un estudio científico específico para analizarlo, comprenderlo y determinar su funcionamiento, formas y devenires. Dicho esto en pocas palabras, claro está. Es por eso que es notable cuando un investigador decide no sólo ser el sujeto que realice el estudio, sino que también se ocupa a sí mismo como objeto de investigación. Algo arriesgado en algunos casos, todo sea por la ciencia.

A continuación, enlistamos tres ejemplos de estudios científicos en los que el sujeto y el objeto de investigación comparten créditos.

A inicios de 1900, el científico rumano Nicolae Minovici se colgó a sí mismo del cuello en doce ocasiones por hasta 25 segundos cada vez, con un asistente cerca para apoyarle. Sobrevivió y así fue capaz de observar de primera mano una gran cantidad de los síntomas del ahorcamiento, como problemas de la vista y zumbidos en el oído.

Fuente: www.newsd.in

El Dr. Allan Walker Blair, un profesor asistente de patología y bacteriología en la Universidad de Alabama, permitió que una araña viuda negra lo mordiera en la década de 1930. Al momento había muy poca investigación respecto a esa especie de araña, por lo que Walker quiso documentar su experiencia con la mordedura. No es ninguna sorpresa que haya descubierto que causa lo que describió como un “dolor insoportable”. Para el registro, el Dr. Walker sobrevivió, aunque falleció de un paro cardíaco una década más tarde, que probablemente tuvo relación con su experiencia arácnida.

Fuente: Ian Waldie/Getty Images.

En la década de los noventa, el veterinario Robert Lopez tomó ácaros de las orejas de un gato y los puso en su propio conducto auditivo. Estaba intentando determinar si los humanos pueden adquirir estos ácaros de los gatos. Resulta que sí es posible, pero Lopez repitió el experimento dos veces, y luego fue publicado en el diario de la Asociación Americana de Medicina Veterinaria.

Fuente: www.eyeenvy.com

Con información de Mental Floss.


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