Las mujeres que hicieron posible el voto femenino

Escrito por el 17/10/2017

El papel de la mujer en el escenario político social ha crecido a cuentagotas, y aunque hoy estamos mejor que hace 64 años, falta mucho por trabajar para que haya mayor representación femenina en cargos políticos.

Pero hoy, con motivo de la conmemoración del VOTO FEMENINO, 16 de octubre, queremos recordar la historia que hizo posible este derecho constitucional.

Era el 6 de abril de 1952, el escenario el parque 18 de Marzo de la Ciudad de México, cuando cerca de 20 mil mujeres se unieron para exigir al gobierno el derecho a expresar su opinión en las elecciones federales. En ese entonces Adolfo Ruiz Cortines era el candidato presidencial, quien un año después, ya como presidente, promulgó las leyes que otorgaron el voto a las mujeres.

Fue una lucha que rindió frutos un año y medio después, así, el 17 de octubre de 1953 se decretó que las mujeres mexicanas tenía el derecho a votar y ser votadas a cargos políticos; pero no fue hasta las elecciones de diputados federales, el 3 de julio de 1955, cuando las mexicanas acudieron a ejercer su derecho constitucional.

Origen del voto femenino en México

Pero este derecho no se dio de la noche a la mañana, nació en 1884 con diversas manifestaciones encabezadas por mujeres, una de ellas fue Laureana Wright de Kleinhans, periodista mexicana perteneciente a la clase privilegiada en México, que tuvo acceso a la educación durante el Porfiriato, quien ayudó a concientizar sobre el papel fundamental de la educación para las mujeres; ayudó a hacer eco a esta lucha a través de sus textos publicados en el impreso “Violetas del Anáhuac”, en donde hizo pública la demanda del derecho al voto de las mujeres.

26 años más tarde, en 1910, el sufragio femenino comenzó a gestarse durante la Revolución Mexicana, con “Las Hijas de Cuauhtémoc”, un grupo femenil antirreeleccionista creado por Dolores Jiménez y Muro (periodista y educadora, quien redactó el prólogo del Plan de Ayala), quienes se unieron a Francisco I. Madero  y trabajaron activamente en contra del Porfiriato, encabezaron una protesta por el fraude en las elecciones y pedían la inclusión de las mujeres en la política.

Cinco años más tarde, se llevó a cabo el primer Congreso Feminista, una reunión impulsada por el general Salvador Alvarado, gobernador de Yucatán, en donde se llegó al acuerdo de demandar que se otorgara el voto ciudadano a las mujeres, lamentablemente la decisión no trascendió, incluso, durante el proceso de promulgación de la Constitución de 1917, las mujeres no fueron tomadas en cuenta, aún había incertidumbre sobre su papel en la sociedad mexicana.

Para 1923, del 20 al 23 de mayo, la Sección Mexicana de Liga Panamericana de Mujeres convocó al Primer Congreso Nacional Feminista, que tuvo lugar en la Ciudad de México con un asistencia de 100 delegadas. El resultado de este congreso llegaría el 13 de julio del mismo año, cuando el gobernador de San Luis Potosí, Aurelio Manrique, expidió un decreto con el que se concedía a las mujeres del estado, la posibilidad de votar y ser elegidas para las municipalidades. Fue el primer estado en reconocer el voto para la mujer.

El primer antecedente de este congreso panamericano, fue la asistencia de una delegación mexicana al Congreso de Mujeres Votantes, que se celebró en 1922 en Baltimore, Estados Unidos. La delegación la conformaban Aurora Herrera, Elena Torres, Eulalia Guzmán, Julia Nava, Luz Vera y María Rentería.

Fue hasta el 18 de noviembre de 1922 que, Elvia Carrillo Puerto, alias “La Monja Roja del Mayab”, se convirtió en la primera mujer mexicana elegida para ocupar un cargo político, el de diputada al Congreso Local de Yucatán. Se trataba de una maestra rural que cuestionaba que la educación tradicional para mujeres incluyera solamente labores del hogar. Lamentablemente sólo ocupó dos años el cargo, se vio obligada a renunciar por las numerosas amenazas de muerte que recibió, lo que la obligó a emigrar a San Luis Potosí, donde nuevamente fue electa a un cargo público, pero el Colegio Electoral no validó su triunfo.

Para 1937, el presidente Lázaro Cárdenas envió a la Cámara de Senadores la iniciativa para reformar el Artículo 34 constitucional, constituyendo así el primer paso para que las mujeres obtuvieran oficialmente la ciudadanía. En 1938, la Reforma se aprobó y ese mismo año lo fue en la mayoría de los Estados.

Nueve años más tarde, el 24 de diciembre de 1946, la Cámara de Diputados aprobó la iniciativa enviada por el presidente Miguel Alemán, en la que se incluyó el Artículo 115 Constitucional, que entró en vigor el 12 de febrero del siguiente año, en la que se establecía que en las elecciones municipales participarían las mujeres en igualdad de condiciones que los varones, con el derecho a votar y ser elegidas.

Pero eso no fue todo, porque en 1952, siendo candidato a la presidencia de la República, Adolfo Ruiz Cortines prometió, ante 20 mil mujeres asistentes a un mitin de campaña, la ciudadanía sin restricciones.

El 17 de octubre de 1953, por fin se publicó en el Diario Oficial de la Federación, el nuevo texto del Artículo 34 Constitucional que señala: “son ciudadanos de la República los varones y las mujeres que, teniendo la calidad de mexicanos, reúnan, además, los siguientes requisitos: haber cumplido 18 años, siendo casados, o 21 si no lo son, y tener un modo honesto de vivir”.

La participación de la mujer en la vida política actual

En la actualidad más mujeres ocupan cargos públicos, sin embargo no hay igualdad en porcentaje comparado con la representación masculina, pues las mujeres sólo alcanzan el 33 por ciento de cargos ocupados en el Senado, mientras que en la Cámara de Diputados llegan al 37% por ciento. Y ni qué decir a nivel local, apenas se llegan a un 7% en el caso de presidencias municipales. Sin duda falta mucho terreno por alcanzar.


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