Un museo que duele. Miércoles de Spots & Places

Escrito por el 05/09/2018

Cuando el escritor austriaco Stefan Zweig llegó a Brasil escapando del ascenso de Hitler, encontró en esa tierra un refugio que no había sido tocado por los males europeos. En agradecimiento al lugar de su exilio, donde paradójicamente se quitó la vida, escribió un libro: “Brasil, país de futuro”, en el cual plasma su visión de una tierra rica en la que florecería una tierra nueva. El título de esta obra literaria, optimista a gusto de muchos, llegaría a Charles de Gaulle, presidente de Francia de 1959 a 1969, quien con su humor negro diría: “en efecto, es un país de futuro… y siempre lo será”. La frase perdura y es parte del imaginario brasilero, como un deja vú que se presenta cada que la cosa va mal. Estos días, con la pérdida del Museo Nacional de Río de Janeiro tras un incendio, el pesimismo vuelve por sus fueros. 

Foto: Commons

Para Marina Silva, ecologista y candidata presidencial, “la catástrofe equivale a una lobotomía de la memoria brasileña”. El PT, facción política a la que pertenece Lula da Silva, señaló que “La tragedia no se limita a la negligencia del país con su historia y su cultura. El Museo Nacional, que acaba de cumplir 200 años, es el mayor museo de historia natural de América Latina”.  La gente culpa al gobierno por los descuidos y recortes al presupuesto del museo, pero hay voces que también culpan a la gente. El escritor Paulo Coelho pregunta “¿Por qué el Museo Nacional, el museo más fantástico de Sudamérica, con sus dos millones de artefactos, su colección egipcia y los fósiles más antiguos de la historia brasileña, recibe sólo 154 mil visitantes al año?”  En comparación, el Museo Nacional de Antropología, en la Ciudad de México, recibe cerca de dos millones y medio de visitantes. Esto es quince veces más que el Nacional de Río, siendo una zona metropolitana de dimensiones y características similares. 

El recinto 

El edificio del Museo Nacional captura buena parte de la historia de Brasil. Cuando el Rey Juan VI, el Clemente, huyó a la colonia americana después de la invasión de Napoleón en Portugal, convirtió a Río de Janeiro en la sede del poder para el gobierno de Portugal, Brasil y el Algarve. 

Foto: Commons

La residencia oficial era el Palacio de San Cristóbal y, después de la declaración de Independencia de Brasil en 1822, este palacio se convirtió en la residencia del emperador Pedro I.  Por sus pasillos anduvieron la futura Reina de Portugal, María II, así como el futuro emperador de Brasil, Pedro II, en 1831.  Cuando Pedro II fue depuesto tras un golpe militar perpetrado en 1889 por los republicanos, se intentó borrar los símbolos del Imperio, incluyendo el principal de todos: el palacio vacante. Así, en 1892, el Museo Nacional y todas sus colecciones, objetos de valor e investigadores, tuvieron un nuevo hogar. 

Las colecciones 

El museo albergaba una de las exhibiciones más grandes de América, que constó de animales, insectos, minerales, colecciones aborígenes de utensilios, momias egipcias y artefactos arqueológicos de América del Sur, meteoritos, fósiles y muchas otras piezas y obras únicas.  Este recinto formaba parte de la Universidad de Río, y tenía una extensa variedad de especímenes paleontológicos, antropológicos y biológicos. Valga decir que sólo el diez por ciento del patrimonio estaba expuesto en las salas del museo.  Era de tal magnitud el acervo que contenía un cráneo, llamado Luzia, el cual fue de los fósiles más antiguos jamás encontrados en América. También había una una momia egipcia y el meteorito más grande jamás descubierto en Brasil, uno de los pocos objetos que los oficiales confirmaron que había ‘sobrevivido’ al fuego. 

El presupuesto para el mantenimiento del museo estaba previsto para aplicarse en unas cuantas semanas, y quizás habría prevenido este desastre que se agrava al saber que nada estaba asegurado.   Manifestantes, políticos y personal de alto nivel del Museo Nacional han culpado de este incidente a la negligencia gubernamental que por años ha mantenido los fondos a la baja, diciendo que los recortes de austeridad y el gasto en proyectos de alto perfil, como la Copa del Mundo y los Juegos Olímpicos, habían dejado vulnerable al museo.  Esta situación podría quedar más clara en palabras del subdirector del museo Luiz Fernando Dias Duarte quien, en una entrevista transmitida en la televisión brasileña frente al ruinas todavía humeantes, dijo que “El dinero gastado en cada uno de esos estadios, una cuarta parte de eso, habría sido suficiente para que el museo fuera seguro y resplandeciente”.

Foto: Commons


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